amigo gato (ficcion)

Agosto 4, 2005

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fotografía de Bernardo Caro

Hace tiempo que no lo veía. Se le ve un poco más pálido, pero a mi no me engaña. Usted se hace el tranquilo, el que no mata ni una mosca, pero siempre termina armando rosca. Tenemos nuestra historia nosotros ¿cierto? No me haga la desconocida, si hace 2 años no más fue que nos vimos por vez primera, en la Yein Fonda ¿se acordó ahora? Si, si. Estábamos hablándole bonito a una señorita con unas cuecas de choras fondo. Y cuando empezaron a tocar el “Corazón de Escarcha” usted se puso pícaro, se le despertó el galán y se arrojó a los labios de la dama antes de que yo hiciera mi movida. Pero yo lo dejé no más, porque sabía que así me iba a salir más fácil convencer a la peuca. El problema vino después, cuando otro fulano quiso hacer lo mismo y a mi se me salió el indio: usted prestó ropa, no lo olvido, y juntos dimos buena pelea. De pura suerte la cosa no acabó mal, porque es sabido que cuando usted está presente las peleas son bravas y suelen terminar aflorando cuchillos. A mi me corrieron entonces y la dama no la vi más; usted se vino conmigo, como corresponde a un amigo leal y se quedó en mi casa. Ahora conversamos de nuevo, a todas luces por última vez, y aunque casi no me acordaba de usted reconozco que me va a dar pena no verlo más. Venga amigo, métase en mi vaso y pasemos de una vez este trago amargo, mire que he puesto en la radio al tío Roberto. No se ofenda si no lo recibo en una copa fina, pero después de todo, usted es un apenas un gato y ni siquiera tiene medallas.

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