A-340 (ficcion)
Marzo 31, 2006
El vuelo 117; Lan chile operado por iberia, Airbus A-340 con olor a nuevo todavía. Me imaginaba al piloto vestido como Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction -después de que le disparan a Marvin en el auto y tienen que cambiarse de ropa en la casa de Jimmy-, así mismo, lavando cada domingo su flamante Airbus A-340 con la manguera del jardín frente a su casa suburbana.
La noche previa había soñado con el viaje. Digamos una pesadilla mas bien. En el sueño el avión se estrellaba o algo igual de grave y mis ultimas palabras antes del gran final eran una grosería irreproducible. Bueno, vale, que tanto; en el sueño yo gritaba “conchesumadre” y se acababa todo. Que escándalo.
El tema es que el sueño me abrió los ojos. No podía yo acabar mis días de manera tan poco digna, uno no deja este mundo mas que una vez, y no lo puede hacer tan prosaicamente. Quizá debiera preparar una frase final (para cuando sea que llegue el momento saben) ya sea una gran catástrofe o una simple enfermedad. Tal vez debiera ser una de esas frasecitas irónicas que trato de usar a veces para enganchar minas. O un iluminado pensamiento de profundas implicancias intelectuales. Cualquier cosa menos “con…”, ya saben.
Decidí por fin que ante tal espantoso destino lo más decoroso seria reclinarme, mirar quedamente al pasajero mas cercano y decir con indiferencia: “bah… se caen los aviones y no se van a caer los aviones”.
El día del vuelo, sin embargo, el avión no se estrelló. Es más, no siquiera hubo la menor turbulencia. Cuando tocamos la losa de Barajas (MAD) con una suavidad que mas que aterrizaje era un simulacro de echar a correr un disco en la tornamesa, cuidando de que la aguja caiga lo más delicadamente posible sobre el surco para evitar un arañazo a ese vinilo de colección, tu sabes, Dark Side of the Moon edición original 1973 o algo similar; hubo varios aplausos. La chica argentina (sentada dos asientos a mi derecha) que estuve inútilmente tratando de cortejar las 12 horas que pasé sin dormir se sopló la chasquilla y dijo “aplaudir en el avión es grasa”. Yo no se que quiere decir grasa en argentino, pero supongo que es algo así como “flaite” o algo. Como sea, Claudia, que así se llamaba la argentina, resultó ser una mezcla de rosarina con suiza, y aunque su español era indesmentiblemente trasandino, tenía unos toquecitos exóticos potenciados por unos ojos celestes helvéticos apabullantes que me embobaron perpetuo. Al menos cuando hizo su comentario de la grasa se me escapó una sonrisa que ella tomó por complicidad y tuve chance de acompañarla de ahí en adelante. Debía haber llegado directo a la casa de Lucas, el compañero del colegio que me iba a alojar por 10 días, pero en lugar de eso modifique todo mi itinerario para saborear mas tiempo la aparición imposible que tenia al lado.
No es la primera vez. Hacia casi 5 años tuve que dar las pruebas especiales para arquitectura en la PUC. Ya saben, dibujitos y cosas así, que se dan además de la PAA (que ahora es PSU) ufff.. cuantos acrónimos en dos líneas. Como las pruebas especiales eran temprano en la mañana, me quedé en la casa de un amigo –debo aclarar que yo venía de Valparaíso- y debía volver con él al almuerzo. Pero como terminé antes que el me topé con esta chica que iba saliendo de la misma sala donde estaba yo, trabamos conversa y honestamente se me olvido que no andaba solo, me fui con ella y en la noche volví a valpo, sin avisarle jamás a mi amigo: ahora fue lo mismo, claro que esta vez en un país extraño y recién iniciando el viaje.
Detalles? Lo usual, carrete, flechazo, blah-blah-blah. Un poco “Antes de Amanecer” si me permiten, aunque no soy muy dado a idealizar este tipo de cosas. Los últimos días del viaje (que me llevó a Zurich, aunque ni remotamente lo tenía contemplado) se pasaron como en un película de esas donde sale la Rachel de “friends” ¿Cómo se llama? Aniston, Jennifer Aniston. Cosita rica. Bueno, me refiero a esas comedias románticas que ven las minas y que son siempre iguales. Esto era como la parte central donde no hablan y ponen una música de fondo bien alegre mientras pasan escenas de happiness y good times.
Cuando vino el tiempo de resumir, pasó lo de 9/11. Que joda. Nadie estaba tranquilo, todo se hizo mas engorroso y sombrío. Y una semana después me tocó el regreso. Todos los que volaron por esos días se acuerdan de cómo fueron las cosas, así que no voy a entrar en detalles. para los que no pasaron por eso, créanme que fue una lata. Me despedí de Claudia Holtz, en El Prat (BCN) y mis ultimas palabras fueron: -Quédate tranquila que este es el mismo A-340 en que me vine y el piloto es un cirujano-. Pero Claudia estaba mejor preparada y me dijo, mirándome quedamente, casi diría que incluso con un dejo de indiferencia: “bah… se caen los aviones y no se van a caer los aviones”.







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